Los podcast no son precisamente unos recién nacidos. Pero de un tiempo a esta parte están repuntando y viviendo una edad dorada. Se encuentran a mi entender en un desarrollo paralelo al de la televisión a la carta, las plataformas de VOD por streaming y otros servicios audiovisuales que no obligan ni al oyente ni al espectador a permanecer pendiente de un día o una hora concreta para disfrutar de su contenido favorito, como sucedió toda la vida. El oyente no tiene paciencia: quiere algo y lo quiere ya. Y las posibilidades para satisfacerle son infinitas.

No hace demasiados días hemos conocido los últimos datos de la AIMC (la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación, responsable de la publicación del EGM) referentes al consumo de radio a través de internet. Entendiendo por ello no solo la emisión tradicional radiada a través de la red, sino también los podcast. La escucha en diferido de radio crece: un 30% de los encuestados ha afirmado oír radio vía podcast en el último mes, de los cuales un 40% lo hace a través de la web de cada emisora y un 18% desde apps para smartphones u otros dispositivos. La cosa marcha bien, pese al progresivo (y a mi entender, triste) declive de la radio convencional.

Pero estamos hablando de podcasts, y más particularmente, de podcasts bien realizados. Este verano he tenido el honor de participar en una serie de podcasts conducidos por la magnífica voz de otro de los compañeros históricos de la locución: José María del Río. Se trata de la serie “Boxkampf: yo boxeé en Auschwitz”, un reportaje de José Ignacio Pérez, sobre el boxeo en el campo de concentración nazi de Auschwitz” que ha sido adaptado y dirigido por Pablo Juanarena, con la edición y el sonido de Miguel Ángel Pérez para Radio Marca. Está basado en este reportaje del diario Marca realizado en julio de 2019.

La serie consta de doce asaltos, disponibles para su escucha a través de la plataforma Cuonda. Pero también pueden escucharse desde Apple Podcast, Google Podcast, Spotify o Ivoox. Mi contribución llega en forma de ficción sonora interpretando junto a otras magníficas voces varios personajes. Todas van configurando la historia de Noah Klieger, superviviente de Auschwitz. El colofón dice así: en homenaje a todos aquellos, mujeres y hombres, que a lo largo de la Historia, y en situaciones extremas, encontraron en el deporte una vía de escape hacia la libertad, la justicia y la vida.

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