BIEN DICHO: LA NOCHE ES DE LA RADIO

Desde 1924 la radio está en España. Llegó para quedarse y es una de esas cosas que han servido para todo. Ayudar a los más desfavorecidos, dar color a épocas grises, adelgazar soledades, llevar el espectáculo de la vida por el aire, contigo. Para poner en escena las voces más bonitas del mundo. Y para hacer amigos. Claro que, como todas las cosas buenas, también ha tenido y tiene sus sombras, con mensajes menos éticos, voces que están ahí porque tiene que haber de todo o directamente, al servicio del patrón.

Dicen los que saben de esto que la radio se oye fundamentalmente desde las 7 hasta las 11 de la mañana, y donde más, en el baño y en el coche. Y es cierto que a esa hora la radio se consume de manera masiva y que la concentración de mensajes publicitarios en las emisoras privadas así nos lo hace ver. Por generalizar, que no quede. Yo, que nunca me he creído a pies juntillas el EGM, entiendo que la gente usa el coche y no digamos el baño a cualquier hora del día y de la noche.

Puede que una mayor cantidad de oyentes les diga a las agencias dónde poner la publicidad. Y estoy seguro de que el objetivo es que el mensaje llegue al mayor número de personas, pero, y aquí quería yo llegar, creo que no es ni mucho menos lo que más importancia tiene. Lo que muchas empresas radiofónicas parecen no querer saber es que no solo de la primera hora de la mañana vive la radio. También lo hace intensamente de esas otras bandas horarias en las que los oyentes escuchan porque les gusta y no por la inercia del madrugón y las noticias.

¡Claro que me gusta enterarme de las cosas por la mañana con la radio! Pero al menos para mí, la radio es más que un altavoz de noticias, tertulias y cosas cotidianas. Es también uno de esos grandes placeres para disfrutar sin prisa, como el mejor de los vinos o el mejor de los puros (y si no, cámbialo por cualquier cosa que te haga feliz y que saborearías con calma). Por lo esencial, por la vida que a otras horas vivimos de otra manera, y a la que si pusiéramos un micrófono, también sonaría de manera diferente.

De ahí el título: la noche es de la radio. La noche, no tanto la madrugada, es la gran costumbre de aquellas almas que si se lo pueden permitir, saben que es la mejor mitad de la vida. Es por tanto la gran oportunidad de la radio no solo para hacerse oír sino para ser escuchada. Cada mensaje que lancemos al aire no caerá en vacío como una publicidad mal colocada, sino que tendrá el doble de repercusión, porque a esa hora las personas no oyen. A esa hora ESCUCHAN.

Apostar por la calidad, el lujo de vivir más tranquilamente y las emociones de cada uno, no va con los tiempos. Allá los tiempos. No quito razón a quienes saben de esto, pero lo que a mí me gusta lo sé yo, no ellos. Y pienso que, si a mí me gusta, es posible que le guste también a más personas. Me quedo con los mensajes de la radio de noche, tan maltratada (salvo los deportes, todos a la misma hora). Me quedo con esa radio que une los mejores momentos del alma con el entorno y que nació para contar lo importante antes que lo urgente. La que te habla a ti, no a toda España. Que no es La radio de Pepito o Juanita, sino la que sale de la trastienda del corazón, actual e intemporal a la vez.

He hecho programas de radio a todas horas. Premiados, espectaculares, rentables, de mañana, con los que me he divertido un montón. Los que me han hecho crecer como profesional y aún más como persona y tener el contacto más directo con el oyente han sido los de la noche. Son los que más echo de menos.

Recuerdo cómo de pequeño metía el transistor bajo la almohada antes de dormir. Cuando las emisoras privadas conectaban a las 22:00 con el Parte de RNE. Buscaba programas musicales en la Onda Media de Radio Andorra, Rádio Comercial de Lisboa o una pequeña radio libre que ponía mucho a los Beatles y que salía en Madrid con el indicativo de “La Voz de La Salle”, también en Onda Media. La FM tardaría en popularizarse y yo en poseer un receptor con esta banda. Mientras, y un poco más tarde, disfrutaba de Radio Intercontinental de Madrid, que tenía un programa distinto cada día de la semana. Creo que los miércoles hacían preguntas muy divertidas a la audiencia en una sección llamada “Cuestión de cálculo”, con preguntas tipo ¿Cuánto pesa el sol?. Fórmulas sencillas, sencillísimas, que triunfaban por la gracia de sus conductores. En la Inter, Ernesto Lacalle y María Elena Doménech, entre otros. En Radio España, “La Ronda”, con Paco Galindo o Julio Moras. Algo tan básico como radiar media hora de dedicatorias con una rondalla de fondo, a esas horas prohibidas de la noche. Fulanito quiere rondar esta noche a menganita con una canción ¡Y todo patrocinado!

Vicente Romero, el Mariskal

Siempre revolucionaria en OM y más que muchas FMs, emitía Radio Centro con Pepe Cañaveras y su “Gente”, con poemas que dejaban desarmada a más de una, y músicas geniales, como la sintonía del programa “Apache” de The Shadows. Poco antes, en esta misma emisora, los shows del Mariskal Romero, que revolucionó la radio en España a ritmo de rock, con una manera de hablar única (que aún hoy sigue triunfando en Rock FM). Y cuando entrábamos en la madrugada, directos a la fibra sensible. A los que vivían la noche trabajando. “Carretera, donde la radio es más compañera”, hasta las 3 de la madrugada con Rafael Ruiz y una magnífica locutora cuyo nombre no recuerdo, en Radio Popular de Madrid (COPE). Para los conductores nocturnos, “CS y buen viaje”, la radio nocturna de Diego Martín, una de las mejores voces de Radio España de Madrid, que abandonó la radio después para convertirse en una estrella del doblaje y la voz publicitaria, y que decía aquello de para los que no quieren, no pueden o no deben dormir frase que hice mia muchos años después, ¡con su permiso!

Escuchar en Ivoox

Diego Martín

Sin ser necesariamente intimista, también se hacía buena radio y tremendamente entretenida en otras emisoras. La radio servicio público de Encarna Sánchez y su “Encarna de Noche”, el tirón de audiencia en la “Hora 25 deportiva con García en la SER, o posteriormente “Supergarcía en la Hora Cero” en Antena 3 de radio. Cuando cumplí los 18 y empecé a conducir, fue cita obligada para mí llevar en el coche a Cholo Hurtado y su “De la noche a la mañana” en la SER, o a Vicente Verdú “Entre dos luces” en RNE. Con la FM ya consolidada, en los 80, Paco Pérez Bryan y su equipo de “El Búho Musical” hizo las delicias de los jóvenes de edad y espíritu hasta las 4 de la madrugada desde Radio Juventud. Y había que currarse orientar bien la antena en según qué zonas, porque con un kilowatio desde la calle Diego de León nº 47, se escuchaba regular. La que se oía muy bien era Radio Madrid FM con “De Música” o “El Flexo” y años después Antena 3 con Gomaespuma. Con especial cariño recuerdo 90.5 FM, radio libre por la que pasé y en la que aprendí, y que desde Carabanchel tenía también gran presencia en las noches de Madrid.

De aquella, casi todas las emisoras cerraban programación a altas horas para empezar muy temprano. 24 horas emitía Radio Nacional por su primer programa en Onda Media, y en Madrid, desde Torrejón, la emisora de la base americana situada en aquella localidad, en el 100.2. Conocida popularmente como “Radio Torrejón”, en realidad era “A.F.R.” (American Force Radio), en inglés y con todo lo nuevo de USA.

La radio de noche da para mucho, así que prometo escribir más sobre la radio nocturna que pude dirigir o en la que participé desde que cumplí los 16 años y hasta ahora. Te enumeraré algunos: “Estas sí son Horas”, dirigido por José Antonio Ramírez en Radiocadena Española, “La Noche Mágica” o “ Cerca de las Estrellas” en Radio Oeste de Madrid. “Turno de Noche” en la Cadena Rato y en Onda Cero. “Déjate Inspirar” en Capital Radio o “A Escondidas” en Onda Cero Música, de la que te dejo un podcast con la despedida del último programa:

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Todos diferentes e iguales. Diferentes en época y contenidos. Iguales en la pasión que le pude poner a cada uno de sus minutos. Será en otra ocasión.